La amistad: De maestras y maestros de vida

El día lunes 11 de mayo fue un día extraño en mi vida. En mi vida ha sido una constante la creencia profunda de que la amistad es un concepto extensivo, cada vez decía tener más amigas y amigos. Pero es extraño como cosas o momentos de malestar dan cuenta de esa amistad que uno tanto valora.

Soy de las personas que le dicen maestro o maestra a muchas personas, puesto que, esto se resume a que yo sinceramente creo que todas las personas tienen algo que enseñarme, para bien o mal.

El inicio de este año ha sido particularmente intenso y en la vorágine del día a día, ha sido la amistad una de las grandes herramientas que me ha permitido seguir de pie. Escribo esta entrada, dedicada a mis amigas y amigos, a todas esas personas que en entre texto y texto, hoja y hoja, minuto a minuto, me han permitido construir otra familia que lo único que hace es complementar la mía (que es profundamente hermosa).

En este contexto, me permito nombrar y dar cuenta de la luz que algunas de esas personas le han otorgado a mi vida. A mis maestros y maestras de vida:

A María José, por su constante apoyo, nuestro círculo de confianza plena y nuestra gran y persistente risa, un gracias no es suficiente.

A Trinidad, por su única forma de expresar cariño, sus retos y troleos profundos, sin duda, mi más grande crítica y con quien estoy tan en deuda que no podría cuantificarlo.

A mi Tía Luisa, una mujer profunda, grande e importantísima en mi vida a quien le debo el apoyo y tantos consejos que le han dado luz a mi vida. Ha sido tan importante nuestra amistad que ya es parte de mi familia. Gracias por estar siempre durante este camino apoyándome, guiándome y creyendo en mi.

A Diego, que a pesar de los largos silencios, sabemos que la voz y la palabra del otro siempre permanece viva.

A Sofía, pues, me ha demostrado que la distancia geográfica es sólo metafórica y que a miles de kilómetros siempre me hace esbozar una sonrisa o me hace darme cuenta cuanto amo la vida.

A Jorge, con quien las distancias metafóricas nos han mantenido lejos, pero que no basta más que un abrazo o un par de palabras para saber que estamos a la vuelta de la esquina.

A Marisol, porque me ha recogido con cuchara los días más ingratos que he tenido y ha compartido, desde , una risa, un chocolate, un turrón o el tiempo que toma fumarse un cigarro conmigo, cada vez que la he necesitado. Gracias por ser esa voz sincera que me hace despabilar casi todos los días, cuando la estoy vendiendo de las más diversas maneras extremas. Una mujer admirable, fuerte y gran amiga.

A Manuela, colega y cómplice, desde comida turca a desayunos de viernes. Sin duda, hemos hecho una gran dupla y hemos ido tejiendo una bonita amistad.

A Claudio, que ha sido desde hace mucho tiempo un gran maestro tanto en lo académico como en la vida. Gracias por su gran corazón, por su enorme confianza, su gran valor de la amistad y por cada día enseñarme que hay que porfiar los sueños, que nos caemos mucho, que hay que reírse más aún y que, claramente, la formalidad no es lo nuestro.

A Olaya, por ser mi maestra, por confiar en mi y darme tantas oportunidades, la vida no pudo premiarme de manera más profunda al poder contar con su guía, amistad y su incansable apoyo. Quizás, le daré más rabias que alegrías, pero ha sido una gran luz en mi camino y es un enorme honor poder trabajar a su lado. Gracias por tanto y disculpe lo poco.

Gracias por todo y disculpen lo extremadamente sincero.

Ahora dos canciones en su honor y me reservo un espacio para mi canción favorita.

Don Jorge:

El maestro:

y  mi favorita:

Vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle se vistió de fiesta

Es raro escribir después de tanto tiempo y sólo para decir que uno está feliz.

Sólo para rememorar tiempos de ayer y darse cuenta que esto es sólo el inicio de la aventura y el camino que nos enfrentará con miles de efectos cuna y miles de silencios.

Cada año es una aventura y creo que este no será la excepción.

Las palabras esperan, los ojos no se cansan y el trecho es largo.

Al menos en este momento siento que mi calle se vistió de fiesta.